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Del saber al amor

El gran mensaje de San Buenaventura, el Doctor Seráfico, cabe en una idea: no basta conocer a Dios, hay que amarlo. Toda su teología es un camino que va de la cabeza al corazón, del saber al amor. «De nada sirve —escribió— leer sin unción, especular sin devoción, investigar sin admiración».

Aquí, esa sabiduría del corazón, cómo vivirla hoy y algunas de sus oraciones más encendidas, para pasar también nosotros del saber al amor de Dios.

Su ejemplo

Conocer para amar

Para Buenaventura, el conocimiento de Dios no es un fin: es un camino hacia el amor. Se estudia y se piensa la fe para amar más y mejor. Un saber que no se convierte en amor se queda a medias; la verdadera meta es gustar a Dios, no solo saber de Él.

La sabiduría del corazón

«De nada sirve leer sin unción, especular sin devoción, investigar sin admiración». La sabiduría cristiana es sabrosa: se saborea con el corazón, no solo se entiende con la cabeza. Buenaventura une, como pocos, la inteligencia más alta y la ternura más honda.

El Crucificado, maestro

Preguntado de dónde sacaba su ciencia, señaló un crucifijo. Cristo crucificado es el gran libro y el centro de todo: quien lo contempla con amor aprende lo que ningún estudio puede enseñar. La mayor sabiduría se aprende de rodillas, ante la Cruz.

Subir hasta Dios

En su «Itinerario de la mente a Dios» describe cómo el alma asciende, peldaño a peldaño, desde las criaturas hasta la unión con Dios. Al final, agotada la razón, solo el amor conduce a Dios. La vida cristiana es ese camino de subida hacia el abrazo del Señor.

Cómo vivirlo

  • No quedarse en saber cosas de Dios: convertir lo que se sabe en amor y en oración.
  • Leer y estudiar «con unción»: dejar que la Palabra y la verdad enciendan el corazón.
  • Aprender ante el crucifijo: contemplar con amor a Cristo en la Cruz.
  • Subir cada día un peldaño hacia Dios: verlo en las criaturas, en el interior y en Él mismo.
  • Pedir la sabiduría del corazón, la que se saborea, más que la mera erudición.

Sus oraciones

«Traspasa, dulcísimo Señor Jesús»

Traspasa, dulcísimo Señor Jesús, lo más íntimo de mi alma con la suavísima y saludable herida de tu amor, con caridad verdadera, serena y santa, para que mi alma desfallezca siempre por el amor y el deseo de Ti; que suspire por Ti y desfallezca por tus atrios, y anhele disolverse y estar contigo. Amén.

San Buenaventura

Del saber al amor

Señor Jesús, luz verdadera que iluminas a todo hombre: no permitas que me contente con saber cosas de Ti sin amarte. Convierte mi conocimiento en amor, mi estudio en oración y mi admiración en entrega. Que, como San Buenaventura, aprenda a tus pies, en la Cruz, la sabiduría que solo el amor comprende. Amén.

Invocación a San Buenaventura

San Buenaventura, Doctor Seráfico, que uniste la ciencia más alta y el amor más tierno: enséñanos a conocer a Dios para amarlo, a servir con humildad y a subir cada día un peldaño hacia Él, hasta descansar en su amor.