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El corazón inquieto

Toda la vida de San Agustín cabe en una frase que él mismo escribió al comienzo de sus «Confesiones»: «Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti». Es la intuición que lo explica todo: el hombre está hecho para Dios, y por eso nada creado le basta.

Agustín buscó la felicidad en el saber, en la gloria y en el placer, y solo la encontró cuando descansó en Dios. Aquí, esa gran verdad, su camino de búsqueda y conversión, cómo vivirlo hoy y unas oraciones nacidas de su corazón.

Su ejemplo

Un corazón hecho para Dios

«Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti». El deseo de felicidad que todos llevamos dentro es, en el fondo, deseo de Dios. Por eso nada creado lo colma: la inquietud del corazón es la huella del Creador en la criatura.

La larga búsqueda

Agustín buscó durante años la verdad y la felicidad fuera de Dios: en la retórica y la ambición, en los placeres, en la secta de los maniqueos. Todo se le revelaba hueco. «Tú estabas dentro de mí, y yo fuera, y fuera te buscaba».

«Tarde te amé»

Al mirar atrás desde su conversión, Agustín cantó el lamento más hermoso de la historia cristiana: «Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé. Y mira que Tú estabas dentro de mí y yo fuera… Me llamaste, y tu grito rasgó mi sordera».

El descanso en Dios

En el jardín de Milán, con el «tolle, lege» y la Palabra de san Pablo, el corazón inquieto encontró por fin reposo. Desde entonces Agustín supo que solo Dios sacia: «Que te busque, Señor, invocándote, y te invoque creyendo en Ti». La inquietud se transformó en amor.

Cómo vivirlo

  • Reconocer la propia inquietud como sed de Dios, y no intentar apagarla con lo que no sacia.
  • Buscar a Dios «dentro», en el silencio y la oración, más que en las cosas de fuera.
  • Leer despacio las «Confesiones» o los Salmos, dejando que la Palabra hable al corazón («toma y lee»).
  • No desanimarse por el propio pasado: la gracia puede más, y nunca es tarde para amar a Dios.
  • Poner el amor como motor de todo: «Ama, y haz lo que quieras». Honrar a San Agustín el 28 de agosto.

Sus oraciones

«Tarde te amé» (Confesiones X, 27)

Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé. Y mira que Tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba. Me llamaste y diste voces, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera. Me tocaste, y me abrasé en tu paz. Amén.

San Agustín, Confesiones

Oración del corazón inquieto

Señor, que nos hiciste para Ti y no descansa nuestro corazón hasta que descansa en Ti: sacia mi sed de felicidad con tu presencia, líbrame de buscarte donde no estás y enséñame a hallarte dentro de mí. Que, como San Agustín, después de todos mis rodeos, descanse por fin en tu amor. Amén.

Invocación a San Agustín

San Agustín, Doctor de la Gracia, que buscaste tanto y al fin descansaste en Dios: ruega por los que aún buscan a tientas la verdad y la felicidad, para que encuentren a Aquel que los hizo para Sí.